Del olvido

•3, Julio, 2009 • Dejar un comentario

Qué fácil puede llegar a ser olividar. Ya, ya… Ahora viene la parte en la que se levanta de entre el público (porque hay publico, ¿no lo véis?) un amante despechado y me niega la mayor. Pero lo cierto, lo triste, es que el olvido es una droga dura y barata. Sí, es fácil olvidar, sobre todo involuntariamente. Me explico, antes de que mi exigente público se levante y salga de la sala. El ser humano sólo olvida aquello que no desea olvidar. Ni recordar. El hecho de desear implica atención y ésta es enemiga acérrima del olvido. No se olvida un amor, ni un nombre de amigo o enemigo. Se olvida aquello que en aparencia no nos importa, aquello que sólo echamos en falta una mañana en la que nos levantamos más tarde que pronto y notamos que algo falla, que algo falta. Un vacío, un roto, un descosido. Un desgarrón en toda el alma, hecho de golpe, sin compasión alguna por nuestra propia vanidad. Olvidamos aquello que no somos capaces de valorar hasta que nos falta.

Toda esta parrafada sirve, ni más ni menos, estimado lector, que para pedir perdón por mi intencionado descuido, por mi descuidado olvido de este blog. Y que es que , claro, sólo echamos de menos aquello que hemos olvidado en algún momento. Y para ello es necesario, primero, no haberlo apreciado en suficiente medida. Para estimar algo en su justa medida demasiado a menudo es necesario perderlo.

He aquí querido y anónimo lector (amado público), mis disculpas. Desde aquí mi compromiso a no volver a tropezar con esta piedra, aunque sepa que volveré a encontrarla (más grande y puntiaguda si cabe) antes de que empieze a andar de nuevo.

Errar es humano

•16, Diciembre, 2008 • Dejar un comentario

Qué increíblemente fácil es equivocarse. Y no me sirve aquello de que de los errores se aprende. Ni que la vida es algo así como un ensayo y error hasta encontrarle el sentido al acertijo. La realidad (triste y jodida, como siempre) es que es demasiado fácil errar el camino. Y sí, es posible que si el único perjudicado por la metida de pata es uno mismo, a base de malas excusas y resignación, la cagada resulta soportable. El problema es que demasiado a menudo no somos nosotros mismos los perjudicados por nuestras equivocaciones. Y, joder, como duele cuando de pronto, como si despertaras de golpe de una pesadilla, descubres el daño que has hecho a los demás.

Los demás suelen ser aquellos a los que queremos. Aquellos que generalmente también nos quieren, nos aguantan y nos soportan. Aquellos que, precisamente por querernos, nos dejan partir y cagarla a lo grande, pues saben que nuestros errores son sólo nuestros y por mucho empeño que se ponga nadie puede librarnos de ellos. Los mismos, que cuando volvemos, (cabizbajos, derrotados, lloriqueando y con el rabo entre las piernas) no preguntan, ni juzgan, ni recriminan, sino que simplemente nos aceptan, como antes, como siempre, con los brazos abiertos.

Es curioso como un largo silencio o una mirada pueden resultar la manera más sencilla de distinguir entre un espejismo y la realidad, cuando en ese momento sientes que te da un vuelco el corazón. Aunque ya sea tarde cuando nos demos cuenta de que nuestros ojos, de nuevo, nos han engañado.

Moraleja: lo verdadero no por cierto es siempre evidente.

Ser o no ser

•9, Diciembre, 2008 • Dejar un comentario

Hoy en día cualquiera podría decir que no se es nadie si  no estás en facebook. Cualquiera salvo aquellos que un día decidieron dejar de existir para aquellos que preferían no tener cerca. No pongas esa cara, querido lector, a caso me vas a decir que jamás has experimentado la sensación de desaparecer. Pues pobre de ti si no lo has hecho… Tremendo placer el que te pierdes: despojarte de una antigua piel, de una vieja vida y dejar atrás una ciudad que te pesa, unos bares que conocen cada agujero de tus bolsillos, unos amores que ya pasaron hacen siglos, unos amigos que, como tales, no quieren olvidarte y en su empeño lo único que consiguen es recordarte que no te gusta en lo que te has convertido. Tremendo placer, el de renacer y empezar desde cero. Con olor a nuevo.

Y ahora va de pronto la tecnología y te poner en un tremendo apuro… Va el futuro y se atreve a retarte a enfrentarte con tu pasado (sí, sí, ese que tienes encerrado en una caja, en el fondo del armario, y que huele a rancio). Maldito cículo vicioso, ése que al hacer avanzar el tiempo a golpes de ratón y teclado nos devuelve a las historias escritas en papel a cuadros y a fotos de aquellas reveladas e impresas en papel kodak brillante. Menudo dilema me pone esta maldita máquina a la que sigo enganchada. Y usb (2, claro) en vena y con la mirada fija en el TFT  me pregunto ¿facebook o no facebook? Que viene a ser algo parecido a aquello que siglos atrás se planteó un tal Sheakespeare haciendo que su protagonista mirara fijamente una calavera. ¿Será a caso mi monitor mi cabeza? ¿Será qué ralmente lo que estoy pregutando es un atronante ser o no ser? ¿existir o no existir? Sea como sea, esa es la cuestión…

Ideas navideñas para sobrevivir a la crisis (o no)

•1, Diciembre, 2008 • Dejar un comentario

Nada mejor que una crisis financiera mundial con repercusión directa en las economías familiares para esforzarnos en buscar motivos para sonreir. Porque por mal que vayan las cosas (y a algunos nos van muy mal) siempre, todo, es succeptible de empeorar. Así que, riamos y celebremos ahora, que aún podemos…

La falta de dinero es un mal menor si hablamos de celebraciones y en vista de que no se me ocurren demasiados motivos para montar un sarao, este año voy a optar por sumarme a ese invento del Corte Inglés (según algunos, de la Coca Cola) llamado Navidad. Da igual el credo que tengamos, o que no lo tengamos en absoluto, el asunto es celebrar lo que sea y si toca la Navidad, pues subámonos al carro.

Elementos necesarios para una buena navidad, tradicional, como el Corte Inglés manda:

1) Familia numerosa (a falta de ésta buenos son amigos, vecinos, compañeros de trabajo, etc, etc)

2) Decoración colgante a poder ser luminosa o en su defecto (recordemos que la cartera está vacía) brillante, muy brillante.

3) Un árbol que trate de parecerse a un pino o abeto de material sintético. Recordemos que estamos en crisis, así que con un poco de imaginación y materiales reciclados podemos crear un árbol navideño no sólo decente, sino vanguardista. Para ello valen desde cartulinas, a alambres retorcidos, botellas de plástico decoradas y básicamente cualquier cosa que en teoría ya no sirva para nada.

4) Un belén… Las figuritas están muy bien, pero también sirven los dibujos, las fotografías… ¡¡¡Seamos modernos!!! Nada mejor que la escasez económica para convertirnos en progres que transforman las tradiciones en algo moderno y contemporáneo.

5) Regalos. ¿Has probado a regalar manualidades? ¿Una bonita composición fotográfica? ¿Una tarta hecha por ti mismo? Alguna habilidad tendrás, algo que puedas ofrecer y que te haya costado, como mucho, el sudor de tu frente y una considerable cantidad de tiempo.

6) Comidas copiosas. Lo que no implica que deban ser necesariamente caras. Se trata, de nuevo, de echarle imaginación al asunto. ¿A caso os creéis que los menús de los restaurantes pijos que te cobran un riñón y parte del otro por la comida están hechos con ingredientes frescos y de primera calidad? Pues perdonad que os lo diga: Pos no.

7) Ganas de divertirse y celebrar. ¿Celebrar qué? Pues que seguimos vivos, que no es poco. Que de momento aún no ha estallado la tercera guerra mundial, que hay gente que aún conserva su trabajo, que la esperanza es lo último que se pierde, que la ilusión a veces puede más que el dinero…

Así que, si realmente hay algún año en el que pueda parecer una buena idea celebrar la Navidad, posiblemente sea este, aunque sólo sea para tener una buena escusa para emborracharnos y olvidar:

Ser un número

•1, Diciembre, 2008 • 1 comentario

Todos somos parte de una estadística, al menos, de una, seguramente, de muchas más. No podemos luchar contra ello. Puedes ser una de las mujeres menores de tantos años que trabajan fuera del hogar, uno de los hombres fumadores que padecerá en el futuro una enfermedad cardiovascular, o una de las tantas familias monoparentales. Incluso, puedes ser parte de una estadística tan absurda como aquella que evalúa cómo crees que se vive en tu ciudad y así dejas de ser un ciudadano para pasar a ser un tanto por ciento.

Pero estos días hay una estadística que nos preocupa a todos (a la mayoría) de manera especial: la de los desempleados. A día de hoy, cuando pierdes el trabajo dejas de ser Fulanito de Tal para pasar a ser el parado número tropecientos. Ya no eres tu, ahora eres no sólo un número sino un arma arrojadiza, eres la parte fundamental de los discursos políticos. Eres la consecuencia de la crisis financiera. Eres el protagonista de un paquete de medidas (menuda denominación absurda) presentado por el presidente.  Y eres aún más cosas. Eres un moroso potencial. Eres aquel al que el banco vigilará con lupa (y con razón, tu nómina ahora se llama prestación por desempleo y eso no le gusta a los banqueros). Eres aquel que jamás cumplirá los requisitos necesarios para ningún tipo de ayuda, pero que seguirá siendo el que los cumple todos para pagar impuestos, tasas y demás…

Eres un número. Un número desafortunado. El número de la mala suerte.