Vacas gordas, vacas flacas

Papá Noel se ha quedado sin fondos, los Reyes Magos han tenido que malvender sus camellos y han decidido no repartir carbón, que los combustibles fósiles están por las nubes. La tradicional caldereta ha cedido su lugar en la mesa de nochebuena a un cojonudo guiso de bacalao desalado, que es el único pescado que los bolsillos de los españolitos de a pié, mileuristas por definición, podemos permitirnos.

El despilfarro navideño se convierte este año en una especie de tortura china para la mayoría de bolsillos y plásticos con crédito. Mientras Al Gore nos pide que seamos ecológicos nuestra consciencia se pregunta si no encendemos la calefacción por ser solidarios con el planeta o con nuestra cuenta corriente. Y entre tanto, todo parece seguir igual. De momento quien más quien menos aún pretende aparentar que todo va bien, que nada se va a pique, tampoco el país. Parece una macabra recreación de la famosa escena del Titánic en la que en pleno naufragio no sólo los músicos seguían tocando sino que las damas se negaban a ponerse los chalecos salvavidas para no deslucir sus hermosos vestidos…

La cruel realidad es otra. No sé si el país se hunde, tampoco sé dónde tienen los países la línea de flotación. Pero en la calle la crueldad de la situación es más que evidente cuando puedes ver a jóvenes familias con sus sueños hipotecados a cuarenta años y un final de mes que empieza día 15 en el mejor de los casos. Ancianos desesperados al comprobar que la pensión que reciben no es pensión sino limosna y que no da ni para la barra de pan.

Lo único bueno de los ciclos económicos de este mundo capitalista en el que vivimos, crecemos y nos reproducimos es que se les puede ver venir. A pesar de ello, parece que seguimos sin aprender que las vacas flacas siguen a las gordas, por defecto. Siento haber retrocedido en el tiempo hasta finales de los 80 y eso, bien mirado tampoco está tan mal.  Si dejamos de lado el sufrimiento personal por intentar llevar un ritmo de vida que ya sabíamos de ante mano que no podríamos permitirnos  por mucho tiempo, la cruda realidad es que este país es en los momentos más delicados cuando muestra su grandeza y saca a la calle la genialidad.

Aún me queda la esperanza de que al igual que ha ocurrido a lo largo de la historia estos años de precios elevados y sueldos miserables que se nos avecinan agudicen el ingenio nacional y surjan de nuevo artistas incomparables, obras irrepetibles, momentos inolvidables…

~ por Tukitina en 23, Diciembre, 2007.

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