Un viaje imposible hecho realidad
La gran magia del cine no es otra que la de permitir ver y sentir a cualquiera aquello que probablemente jamás experimentará. La cruda realidad es que de un tiempo a esta parte son pocas las películas que lo consigan y menos aún las que se realizan con tal propósito. No lo consiguen porque ya estamos demasiado habituados a asomarnos a través de la gran pantalla a mundos lejanos y a cotillear en situaciones irreales. Es difícil parir un guión capaz de sorprender a un espectador harto de aventuras imposibles y más aún hallar una localización que seduzca a ese mismo observador que ya ha viajado por casi todo el mundo desde la cómoda butaca de un cine. Pero más difícil que todo eso es conseguir que ese espectador acostumbrado a todo y adicto a la adrenalina vía ficción cinematográfica se sienta interesado por un film que ofrezca una diferencia real en cuanto a guión y escenario. No lo neguemos, buscamos el impulso rápido, la excitación veloz y también el mínimo esfuerzo. Y ahí están, triunfando como siempre las películas de acción, tiroteos y persecuciones imposibles.
No obstante, de vez en cuando, llega una película que nos sorprende y nos atrae con una fuerza ya a penas recordada. Una película que nos muestra realidades nuevas, paisajes nuevos, historias realmente nuevas. Una película capaz de hacernos viajar de nuevo desde nuestra butaca y de alimentar nuestros sueños y nuestra imaginación. Éste es el caso de Viaje a Darjeeling. No voy a negar que sea una versión comercial de una película que podría haber sido más profunda. Pero tampoco quiero olvidar que el cine no es sólo arte, sino que también es espectáculo y por supuesto negocio, así que no voy a criticar desde aquí que se pretenda hacer llegar un film al máximo número de espectadores posibles, aún a costa de cierta simplicidad del guión y a la renuncia de ciertos giros dramáticos demasiado complejos por su propia belleza.
Viaje a Darjeeling consigue conjuntar en un mismo guión la magia de oriente, la estupidez que nos otorga la supuesta superioridad a los occidentales, la complejidad de las relaciones familiares, el pánico siempre negado a lo desconocido, la zozobra interna del ser humano ante la muerte, el temor a la pérdida de los que queremos y a la vez a que esos a los queremos se metan demasiado en nuestras vidas. Es una historia sobre la vida, no en vano la mayor parte de la acción transcurre sobre un tren. Pero también es una historia sobre la muerte. Pero ante y sobretodo es una historia sobre el ser humano, una historia sobre los sentimientos que no varían a pesar de la distancia geográfica y cultural entre distintas sociedades. Y además es una historia sobre los viajes, sobre un viaje en concreto, mejor dicho, el que emprendemos el día que venimos a este mundo. Es una metáfora de la vida en la que tres hermanos viajan al pasado para poder deshacerse de los momentos dolorosos que han vivido y así poder seguir avanzando, poder retomar su viaje. Es una historia preciosa e increíblemente real, aunque pueda resultar imposible a simple vista.
El film del director Wes Anderson, cuenta con la participación de Owen Wilson, Jason Schwartzman y Adrien Brody. Éste es el trailer:




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