Ser o no ser
Hoy en día cualquiera podría decir que no se es nadie si no estás en facebook. Cualquiera salvo aquellos que un día decidieron dejar de existir para aquellos que preferían no tener cerca. No pongas esa cara, querido lector, a caso me vas a decir que jamás has experimentado la sensación de desaparecer. Pues pobre de ti si no lo has hecho… Tremendo placer el que te pierdes: despojarte de una antigua piel, de una vieja vida y dejar atrás una ciudad que te pesa, unos bares que conocen cada agujero de tus bolsillos, unos amores que ya pasaron hacen siglos, unos amigos que, como tales, no quieren olvidarte y en su empeño lo único que consiguen es recordarte que no te gusta en lo que te has convertido. Tremendo placer, el de renacer y empezar desde cero. Con olor a nuevo.
Y ahora va de pronto la tecnología y te poner en un tremendo apuro… Va el futuro y se atreve a retarte a enfrentarte con tu pasado (sí, sí, ese que tienes encerrado en una caja, en el fondo del armario, y que huele a rancio). Maldito cículo vicioso, ése que al hacer avanzar el tiempo a golpes de ratón y teclado nos devuelve a las historias escritas en papel a cuadros y a fotos de aquellas reveladas e impresas en papel kodak brillante. Menudo dilema me pone esta maldita máquina a la que sigo enganchada. Y usb (2, claro) en vena y con la mirada fija en el TFT me pregunto ¿facebook o no facebook? Que viene a ser algo parecido a aquello que siglos atrás se planteó un tal Sheakespeare haciendo que su protagonista mirara fijamente una calavera. ¿Será a caso mi monitor mi cabeza? ¿Será qué ralmente lo que estoy pregutando es un atronante ser o no ser? ¿existir o no existir? Sea como sea, esa es la cuestión…




Escribe un comentario