Errar es humano

Qué increíblemente fácil es equivocarse. Y no me sirve aquello de que de los errores se aprende. Ni que la vida es algo así como un ensayo y error hasta encontrarle el sentido al acertijo. La realidad (triste y jodida, como siempre) es que es demasiado fácil errar el camino. Y sí, es posible que si el único perjudicado por la metida de pata es uno mismo, a base de malas excusas y resignación, la cagada resulta soportable. El problema es que demasiado a menudo no somos nosotros mismos los perjudicados por nuestras equivocaciones. Y, joder, como duele cuando de pronto, como si despertaras de golpe de una pesadilla, descubres el daño que has hecho a los demás.

Los demás suelen ser aquellos a los que queremos. Aquellos que generalmente también nos quieren, nos aguantan y nos soportan. Aquellos que, precisamente por querernos, nos dejan partir y cagarla a lo grande, pues saben que nuestros errores son sólo nuestros y por mucho empeño que se ponga nadie puede librarnos de ellos. Los mismos, que cuando volvemos, (cabizbajos, derrotados, lloriqueando y con el rabo entre las piernas) no preguntan, ni juzgan, ni recriminan, sino que simplemente nos aceptan, como antes, como siempre, con los brazos abiertos.

Es curioso como un largo silencio o una mirada pueden resultar la manera más sencilla de distinguir entre un espejismo y la realidad, cuando en ese momento sientes que te da un vuelco el corazón. Aunque ya sea tarde cuando nos demos cuenta de que nuestros ojos, de nuevo, nos han engañado.

Moraleja: lo verdadero no por cierto es siempre evidente.

~ por Tukitina en 16, Diciembre, 2008.

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