La vida puede girar bruscamente en sólo décimas de segundo y dejarte boquiabierto, con cara de imbécil, ya sea para bien o para mal. Lo jodido es lo que tardamos nosotros en asumir el cambio. Personalmente yo ya llevo un mes con esa cara de atontada que se te queda cuando de golpe el universo en una especie de lotería macabra decide que te ha tocado a ti y te dice: “Creías que lo tenías todo controlado, que tu vida llevaba un buen rumbo, que ahora por fin estabas bien… Pues no, lo siento, te jodes, te voy a redecorar el panorama y no voy a dejar nada de lo que había… Ja, ja, ja (risa macabra)”
Es el principio del desastre. Sólo la puntita de un iceberg gigante que se va descubriendo lentamente en días posteriores. Da igual cuál haya sido el detonante, pues nos guste o no a cada individuo su desgracia le parece la mayor del mundo y su felicidad la más maravillosa. Somos todos así de egoístas, asumámoslo. ¿Y entonces qué? Bueno, yo ya he pasado por todos los estados anímicos habidos y por haber e incluso los físicos, a mi cuerpo a menudo le da por somatizar, por si fuera poco…
Ha pasado un mes. Un mes en el que ahora mismo me doy cuenta de que no he hecho nada más que permanecer con cara de imbécil repitiéndome “no puede ser, no puede ser”. A veces he llorado, otras me ha dado por cabrearme, me he puesto tonta y he tenido ataques de risa. Siempre con cara de imbécil, de no puede ser, de esto no me está pasando a mí, no ahora…
Pues oye, sí, me ha pasado. No creo que lo tenga asumido ni mucho menos, pero nunca me han interesado demasiado los procesos psicológicos y creo que ya va siendo hora de cambiar la cara de imbécil por cara de resignación, pues esto es lo que hay. Tal vez sea ya el momento de hacer un informe de daños, ver qué ha quedado entero (ya os digo que poco o nada), tratar de reparar lo reparable y deshacerse de lo inservible. Y volver a empezar…
¿Cómo coño se vuelve a empezar? me pregunto mientras releo mis propios pensamientos tratando de asumir que son míos y no del vecino. Entonces me viene a la cabeza un poema de Pedro Salinas. Nunca me ha gustado demasiado Salinas, me parece un tanto ñoño, bobalicón, pero no soy quién para juzgar la ñoñería ajena en mi actual estado de empardalamiento vital. Tal vez resulte que Salinas tiene razón y me esté dando un pista de por dónde empezar, quién sabe, a veces la ayuda viene de donde menos te lo esperas. Allá va el poema:
No rechaces los sueños por ser sueños.
Todos los sueños pueden
ser realidad, si el sueño no se acaba.
La realidad es un sueño. Si soñamos
que la piedra es la piedra, eso es la piedra.
Lo que corre en los ríos no es un agua,
es un soñar, el agua, cristalino.
La realidad disfraza
su propio sueño, y dice:
«Yo soy el sol, los cielos, el amor».
Pero nunca se va, nunca se pasa,
si fingimos creer que es más que un sueño.
Y vivimos soñándola. Soñar
es el modo que el alma
tiene para que nunca se le escape
lo que se escaparía si dejamos
de soñar que es verdad lo que no existe.
Sólo muere
un amor que ha dejado de soñarse
hecho materia y que se busca en tierra.




Comentarios recientes