Soñar o de cómo volver a empezar cuando el mundo se desmorona

•25, Agosto, 2008 • 7 comentarios

La vida puede girar bruscamente en sólo décimas de segundo y dejarte boquiabierto, con cara de imbécil, ya sea para bien o para mal. Lo jodido es lo que tardamos nosotros en asumir el cambio. Personalmente yo ya llevo un mes con esa cara de atontada que se te queda cuando de golpe el universo en una especie de lotería macabra decide que te ha tocado a ti y te dice: “Creías que lo tenías todo controlado, que tu vida llevaba un buen rumbo, que ahora por fin estabas bien… Pues no, lo siento, te jodes, te voy a redecorar el panorama y no voy a dejar nada de lo que había… Ja, ja, ja (risa macabra)”

Es el principio del desastre. Sólo la puntita de un iceberg gigante que se va descubriendo lentamente en días posteriores. Da igual cuál haya sido el detonante, pues nos guste o no a cada individuo su desgracia le parece la mayor del mundo y su felicidad la más maravillosa. Somos todos así de egoístas, asumámoslo.  ¿Y entonces qué? Bueno, yo  ya he pasado por todos los estados anímicos habidos y por haber e incluso los físicos, a mi cuerpo a menudo le da por somatizar, por si fuera poco…

Ha pasado un mes. Un mes en el que ahora mismo me doy cuenta de que no he hecho nada más que permanecer con cara de imbécil repitiéndome “no puede ser, no puede ser”. A veces he llorado, otras me ha dado por cabrearme, me he puesto tonta y he tenido ataques de risa. Siempre con cara de imbécil, de no puede ser, de esto no me está pasando a mí, no ahora…

Pues oye, sí, me ha pasado. No creo que lo tenga asumido ni mucho menos, pero nunca me han interesado demasiado los procesos psicológicos y creo que ya va siendo hora de cambiar la cara de imbécil por cara de resignación, pues esto es lo que hay. Tal vez sea ya el momento de hacer un informe de daños, ver qué ha quedado entero (ya os digo que poco o nada), tratar de reparar lo reparable y deshacerse de lo inservible. Y volver a empezar…

¿Cómo coño se vuelve a empezar? me pregunto mientras releo mis propios pensamientos tratando de asumir que son míos y no del vecino. Entonces me viene a la cabeza un poema de Pedro Salinas. Nunca me ha gustado demasiado Salinas, me parece un tanto ñoño, bobalicón, pero no soy quién para juzgar la ñoñería ajena en mi actual estado de empardalamiento vital. Tal vez resulte que Salinas tiene razón y me esté dando un pista de por dónde empezar, quién sabe, a veces la ayuda viene de donde menos te lo esperas. Allá va el poema:

No rechaces los sueños por ser sueños. 
Todos los sueños pueden 
ser realidad, si el sueño no se acaba. 
La realidad es un sueño. Si soñamos 
que la piedra es la piedra, eso es la piedra. 
Lo que corre en los ríos no es un agua, 
es un soñar, el agua, cristalino. 
La realidad disfraza 
su propio sueño, y dice: 
«Yo soy el sol, los cielos, el amor». 
Pero nunca se va, nunca se pasa, 
si fingimos creer que es más que un sueño. 
Y vivimos soñándola. Soñar 
es el modo que el alma 
tiene para que nunca se le escape 
lo que se escaparía si dejamos 
de soñar que es verdad lo que no existe. 
Sólo muere 
un amor que ha dejado de soñarse 
hecho materia y que se busca en tierra.

               

 

De karaokes, espías, hospitales, expresidentes del gobierno y raritos en Aranjuez

•26, Julio, 2008 • 1 comentario

Todo termina, también las vacaciones, y aunque me quede el consuelo de pensar que el fin de las cosas buenas es una manera de recordar que aquellas no tan buenas también acabarán pasando y desapareciendo, no puedo evitar estar triste.

Debo reconocer que he vivido dos semanas intensas en las que no ha faltado de nada: desde compañeras en urgencias hasta modelos de Cibeles en calzoncillos (de algodón, claro) en el pasillo del hotel. Noches de karaoke y fiesta intensiva y días de estudio y conferencias más que interesantes. Un ritmo que evidentemente no podría llevar durante mucho más tiempo, así que tampoco está tan mal que esto llegue a su fin.

Lástima que me deje un montón de cosas por hacer (parece mentira lo rápido que pueden pasar dos semanas), que la cámara de fotos se estropeara los últimos días y que me lleve a casa alguna que otra decepción en la maleta… Prefiero pensar que es mejor así. Me gusta creer que las cosas ocurren siempre por algún motivo si no lógico, al menos razonable.

Algo es evidente, no vuelvo igual que me fui. He aprendido incluso más de lo que debería y admito que algunas cosas hubiera preferido no saberlas, no obstante, la información es poder y como tal habrá que aprovecharla. Tendré que cambiar algunas cosas de mi día a día, empezar de una vez con ese montón de proyectos que llevo postergando desde hace más de un año y cerrar heridas abiertas ( a ver si esta vez tengo suerte y no dejan cicatriz). De momento prefiero pensar en todo lo bueno que me llevo: un montón de amigos cojonudos y a los que será muy difícil olvidar, afortunadamente :P Gracias por estas dos semanas.

Quede como recuerdo la mejor canción que sonó en el karaoke, después del mix de canciones infantiles de 15 minutazos, por supuesto:

No puedo, que ya he quedado, que no tengo dinero, que se me ha estropeado el coche, que la abuela fuma y otras historias para no dormir

•24, Julio, 2008 • 2 comentarios

Creatividad. Eso es lo que hace falta a la hora de poner una buena excusa. No es necesario que suene creible, tampoco que parezca convincente, ni que tenga parecido alguno con la realidad, sino todo lo contrario. Durante los últimos 15 días he oído excusas de todo tipo, tantas que me siento capaz de poder definir la excusa perfecta: Es aquella tan inverosímil y sorprendente que deje a tu interlocutor incapacitado para hacer reproche alguno o dar algún tipo de respuesta que vaya más allá de una súbita carcajada.

¿Ejemplos? Allá van algunos:

Ejemplo 1:

          Chicas: ¿Os apetece cenar con nosotras esta noche?

          Chicos: Uff, no podemos, tenemos que ir a apostar…

Ejemplo 2:

         Chico 1 (en el pasillo de un hotel): Tio, te has dado cuenta de que vas en calzoncillos

       Chico 2: joder, es verdad!. Bueno, da igual, son de algodón…

Ejemplo 3:

       Chico 1: ¿pagamos a medias?

         Chico 2: Buff, no llevo dinero, lo tengo todo invertido en bolsa…

Ejemplo 4:

         Chica: ¿nos vemos mañana?

         Chico: ¿mañana? imposible, juega Nadal

Podría seguir pero prefiero guardarme las mejores para usarlas en momentos de crisis. Sólo os daré una pista, si la próxima vez que intentéis quedar con alguien os dice que no puede venir porque se le ha estropeado el helicóptero decidle que no se preocupe, que vosotras podéis ir a buscarle con vuestra nave espacial… Sí, sí, esa que comprásteis con el dinero conseguido gracias a las inversiones en bolsa.

 

 

 

 

 

 

Escapar, olvidar, desaparecer y regresar

•22, Julio, 2008 • 1 comentario

Desaparecer durante un tiempo tiene una parte positiva que nadie puede discutir: el placer de volver. No obstante, por más que me empeñe y me encierre en mi pequeño universo, me aisle del mundo o pille el primer avión que me aleje de la rutina no consigo escaparme de mi misma. Sí, lo sé, eso es obvio, pero no por ello menos molesto. ¿Por qué debo convivir siempre conmigo si a duras penas me soporto?

La verdad es que los útimos meses han sido duros. Demasiado trabajo, demasiadas emociones y demasiados sentimientos que trato de ahogar cada noche con la almohada… No he tenido tiempo para aburrirme, de hecho no he tenido tiempo ni para escribir una sóla línea en mi pobre blog desde… buff, ni me acuerdo. Y ahora, en encierro voluntario para reencontrarme conmigo misma y tratar de averiguar qué ha pasado en mi corazón en este tiempo, descubro que entre tanto ajetreo no me había dado cuenta de que todo está un poco peor.

Debería existir un antídoto para librarse de los sentimientos no deseados, de los pensamientos indiscretos que asaltan la mente en el más inoportuno de los momentos, de la piel de gallina cuando rescato del olvido tu recuerdo y por supuesto del inoportuno vuelco en el estómago al encontrar tus ojos fijos en los míos. O tal vez bastaría con un elixir para olvidar. Olvidar los sueños imposibles que me obligan a luchar por ellos a sabiendas de que jamás voy a alcanzarlos. Olvidar el dolor del pasado. Olvidar los sentimientos del presente. Olvidar que algún día pude tenerte.

Pero de momento lo único que he conseguido es desaparecer, al menos a medias. Como una burda imitadora de Houdini he representado un numerito de escapismo: me he dado a la fuga de mi realidad. Eso sí, se me olvidó que de mi misma jamás podré escapar. En fin, tendré que disfrutar de lo que me queda de vacaciones antes de regresar al tormento del día a día y seguir buscando esa poción para olvidar.

Perdida, otra vez

•18, Junio, 2008 • Dejar un comentario

A veces parece que la vida pierde su sentido. Que no hay esfuerzo que sirva para nada. Que el sacrificio, sea del tipo que sea, es vano siempre por defecto. Que siempre hay algo o alguien ahí, a la vuelta de la esquina, esperando para arrancarte sueños e ilusiones de cuajo.

¿Es que siempre tiene que ser todo tan jodidamente difícil? Parece que sí. Que sino no tiene gracia la jodida de la vida. Pero a veces, tanta gracia, hace que una pierda el norte. Que olvide de dónde viene y a dónde va y lo que es peor aún, el motivo por el que empezó a caminar en esa dirección que ya no recuerda a donde conduce. Ahí estoy yo. Perdida. Sin rumbo. Ni brújula. Ni nada capaz de guiarme.

Por supuesto, en esta situación, la opción más tentadora es la de sentarse, acampar en medio del camino, y esperar. Esperar a tiempos mejores o a que un recuerdo trasnochado me ayude a reconocer el camino o simplemente a la nada.  Quedarse quieto e imaginar que así también se puede ser feliz. Que no hace falta desear grandes cosas, sino simplemente contemplar lo que nos rodea. Conformarse.

Tal vez simplemente esté cansada y necesite un tiempo para recuperarme. O tal vez por fin haya llegado el día en el que me he dado cuenta de que es más sensato tirar la toalla que seguir en busca de un sueño que es más que imposible… O tal vez lo único que pasa es que entre nervios y falta de sueño todo parece más negro de lo que realmente es… Espero que se trate de la última opción y que poco a poco todo se vea más claro, por difícil que parezca ahora.